EMPRESAS FAMILIARES Y SU TRANSICIÓN.

Ya hemos escrito anteriormente de la vejez y de la sucesión en los negocios de estructura familiar, como procesos de mediano plazo que deben ser manejados de manera multidisciplinaria. Este es un tema conexo, pero a mi entender, pocas veces comentado.

Los emprendedores buscamos una vida llena de retos, tomando riesgos calculados y labrar un patrimonio dentro y fuera de la empresa o grupo que hicimos crecer, así como asegurar nuestra vejez y el no tener que depender de nadie.

Hay etapas de vida, fuerzas, dinamismo y una visión clara que debemos transmitir a nuestros seres queridos y demás personal para que la hagan suya y aseguren así la continuidad.

Pero, ¿No estaremos descuidando un paso en esta carrera de fundación del negocio a su inevitable sucesión y retiro? Reflexionando encontré una etapa poco estudiada y muy importante: La del emprendedor maduro, con su capacidad intelectual y gran parte física en buen orden y que empieza a percibir cambios internos y a su alrededor que presagian el preludio de la retirada. Ejemplos:

a. Los “nunca”. Mi padre bromeaba así, “ya me llegó la época de los nunca, porque nunca me daban estos achaques, nunca me cansaba de caminar o hacer ejercicio, nunca fallaba la memoria, en mis relaciones con mi pareja…”. A todos nos pasará y al principio es motivo de broma o burlas de los demás, pero después se pone serio porque estos síntomas predicen la declinación de ciertas facultades.

b. Las inseguridades. Sabes que estás siendo productivo(a) en tu trabajo, estás involucrado en la vida social y comunitaria y te encanta viajar, comer y gozar a tu familia, pero un diablito dentro de tu cerebro te dice “Vete preparando porque este estado físico y forma de vida y trabajo se van a acabar tarde o temprano”. Esto te pega fuerte y provoca que tu autoestima y en cierto modo la soberbia de sentirse omnipotente e inmortal se
empiecen a erosionar.

c. El síndrome de “El Rey León”. Esa maravillosa película y obra de teatro trae mucha sabiduría. El rey-emprendedor ve crecer a su hijo y lo anima a que sea independiente, tome riesgos y se desarrolle a su límite y capacidad. Son fuente de inmenso orgullo para él y su cónyuge… pero empieza a haber un mecanismo de rechazo porque éste se da cuenta que los cachorros ya crecieron, cuestionan su autoridad y conocimientos y él (ella) no están dispuestos a ceder el trono todavía, lo que causa fricciones y grandes conflictos con los sucesores potenciales.

Podría seguir enumerando situaciones, pero mejor vemos qué deberíamos pensar y hacer para prepararnos mentalmente ante esta nueva etapa, llamémosla de la madurez e inicio del cambio, por no tener otra definición mejor y veamos que se puede hacer:

En primer lugar hay que reconocer nuestro status y sacarle el mejor provecho posible: Hacer ejercicio, tener una salud controlada y una vida social, familiar y de pareja más completa adaptándose a los tiempos y fuerzas disponibles sin forzarlas, pero de ninguna manera dejándolas.

Posteriormente, ver a mediano y largo plazo el papel que él representa en la empresa y su futuro, creando y dejando en marcha las estructuras y las personas clave que eventualmente, tomarán la estafeta. Es inútil tratar de perpetuarse en una posición de patriarca y de decisión final operativa porque a todos nos va a llegar el día de la salida.

Finalmente, el tener ya establecido un plan patrimonial que le dé cierta tranquilidad futura y sobre todo la independencia en este ramo.

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